Sin reacción, credibilidad ni convicción, Alberto en el peor momento de su gestión

El Presidente de la Nación, Alberto Fernández, llegó a su piso de credibilidad en una nueva conferencia de prensa para anunciar los nuevos (y difusos) pasos que decidió el Gobierno para el combate de la pandemia, una guerra que el país ya perdió hace rato, según lo dejan en evidencia las más serias mediciones científicas del Mundo.

Mientras hablaba, las imágenes estaban aún frescas entre los argentinos del escandaloso velorio de Diego Maradona, que implicó una burda e impune ruptura de todas las disposiciones defendidas por el mandatario desde marzo, lo que implicó la debacle de la economía, la quiebra de cientos de miles de empresas, pero también la imposibilidad de asistir a la escuela de todos los niños y jóvenes argentinos.

En otro monólogo inconsistente con la realidad, como si hubiera decidido abstraerse definitivamente de ella, Alberto evitó durante su insulso discurso cualquier mención a los abominables actos en la Casa Rosada, en la que no sólo intentó capitalizar el dolor popular por la muerte del mayor ídolo nacional, sino que, ante ese fracaso, pretendió culpar al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por los escandalosos errores propios.

Pero este viernes, que pudo haber sido un día de redención, en el que el Presidente reconozca errores y tuerza el rumbo para evitar el abismo, fue otra decepción. Primero culpó a la familia de Maradona por las decisiones sobre el velorio, después, atribuyó a los excesos de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires por los disturbios y, para agravar su irresponsabilidad, denunció a la Administración Larreta por supuestos excesos, cuando barras bravas coparon la Casa Rosada sin mayor, resistencia, como si hubieran entrado a una municipalidad ignota, de una perdida localidad rural.

Por último, el desesperado gesto del Presidente por acompañar en el velorio a su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, quien le ha dado la espalda desde hace meses, no tuvo éxito y hasta aquí resultó un pobre manotazo de ahogado. Lo que confirma este distanciamiento dispuesto por la vice, fue que hoy el kircherismo dio media sanción al proyecto para disminuir la cantidad de votos necesarios para elegir al Procurador, la única cuestión en la que el Presidente había mostrado públicamente su oposición.

De esta forma, Alberto terminó su peor semana en la Presidencia de la Nación, a la que accedió gracias a un venia de Cristina, quien ahora no parece muy dispuesta a compartir la erosión de la imagen del mandatario.

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